Un año más, un año menos

Los años
 de Mario Benedetti


Los años vinieron alevosos
compactos / degradantes
no reservan sorpresas
sino confirmaciones

después de todo a quién le importan
la noria de las estaciones
las tenues campanadas
los barrancos en flor

la piel es lo que importa
y tiene ultrajes
el mar es lo que importa
y simplemente ahoga

los años se vinieron
y no se van
se quedan como troncos
pesan como desdichas

yo me hago el sordo/ ignoro
sus truenos y mi pulso
miro hacia el horizonte
como si le tocara florecer


Yesterday y mañana
Inventario II, p.218





Como un ladrón

de  Mario Benedetti
(fragmento) 


Él lo había dicho. Yo poseía un temperamento religioso. Un año atrás no lo hubiera creído, pero era así. Ya no podía imaginarme viviendo sin Dios. Hasta el momento de hablar con Rosales, eran para mí innegables el equilibrio y la justicia integral del universo. Por eso debía admitir la posibilidad de varias existencias para una sola alma. Las condiciones favorables o desfavorables en que nacía cada uno, eran para mí el saldo acreedor o deudor de la última existencia. Sí, el hombre se heredaba a sí mismo, y se heredaba a sí mismo porque había justicia. Pero ¿y la cita del Apocalipsis? ¿Había justicia en que tuviéramos que reconocer a Dios entre ladrones? No era tan complicado, sin embargo. Si la palabra ladrón era allí una metáfora, una traslación de significados a través de una imagen («vendré a ti como ladrón», es decir, como viene un ladrón, subrepticiamente, sin que nadie lo advierta), entonces la emboscada de Rosales no tenía efecto. Él no venía como ladrón sino que era un ladrón, y yo lo hubiera podido matar sin violentar mis escrúpulos ni torturar mi conciencia religiosa. Se trataría simplemente de eliminar a un anticristo. Personalmente, prefería esa interpretación. Pero estaba la otra: que el sentido no fuese metafórico sino literal, es decir, que Dios avisara realmente que vendría como ladrón. De ser así, mi concepto de justicia universal amenazaba derrumbarse sin remedio. Si Dios nos enfrentaba a todos los ladrones del mundo para que reconociéramos Quién era Él, dejaba de ser justo, dejaba de jugar con recursos leales; sencillamente, se convertía en un tramposo. Claro que este Dios no me interesaba ni merecía que le amase, y, por lo tanto, aunque Rosales fuese el mismo Dios, también podría matarlo.


Era necesario preguntarse qué remediaba uno con esto. Imposible decir a sus discípulos quién era Rosales. Nadie me hubiera creído. Además, su delito -el del robo, al menos-, no podía demostrarse. El único documento que entregaba a cambio del dinero ajeno, era su confianza, y ésta no servía como testimonio. Si yo decidía finalmente eliminarlo, lo rodearían de un prestigio de mártir. Pero acaso esto les ayudase a vivir. Por otra parte, él ya no estaría para destruirles la fe con su realidad inmunda, con ese golpe brutal y revelador que podía convertirlos repentinamente de cruzados del bien en miserias humanas.


Mientras tanto, yo había llegado a la Plaza, a sólo dos cuadras de la pensión. Recuerdo que me senté en un banco; apoyé la desguanecida nuca en el respaldo y miré hacia el cielo, por primera vez en varios meses. Entonces me sentí aplastado, inocente, infeliz. Comprendí que estaba a punto de llorar, pero también que iba a ser un llanto vano, que nada me haría adelantar en la busca de una escapatoria. Estaba todo demasiado claro; no había excusa posible.


No quiero relatar cómo lo maté. Decididamente me repugna. Resultó en realidad más atroz que lo más atroz que yo había imaginado. Me esperaba para hablarme del futuro... Pero su futuro no existe ya. Lo he convertido en una cosa absurda.


Dicen que su gente creyó reconocer una última bendición en su boca milagrosamente muda, felizmente sellada por mi crimen. Cuando me interrogaron, no tuve inconveniente en confirmarlo. Entonces me pidieron que les transmitiera exactamente sus palabras finales. En realidad, sus palabras finales fueron tres veces «mierda», pero yo traduje: « Paz.» Creo que estuve bien.

Mujeres de fuego

de Tautina


Hay mujeres que aborrecen igual de intenso que aman.
Mujeres que inflaman fuegos que de sus aguas emanan,
enfrentándose a sus miedos,
luchando por los rincones,
hincándose los tacones en el ánimo llagado de sus duros corazones.
Hay mujeres, tan vehementes, que pierden igual que ganan.

Un Reality Show para ESCRITORES


Sí, lo has leído muy bien: un reality show para escritores


Después de pasar un tiempo sin hojear las páginas web donde, con una puntualidad británica, informan de los concursos literarios  a los que se pueden presentar tanto escritores como  aspirantes a ello,  compruebo que, al igual que la economía, siguen en crisis.  Y no precisamente porque  estos hayan aumentado como el importe de la factura de la luz, sino muy al contrario, han menguado  a la par que los derechos y sueldos del trabajador. Amarga coincidencia para ambos.

Aun así no me he desmoralizado y me he dispuesto hacer una criba de los concursos más afines a mí, es decir cuento y novela corta. Después de leer unos cuantos he reparado en uno, I PREMIO GLOBAL VILLAGE DE NOVELA 2013 (México), cuyo  premio me ha llamado la atención por el premio que concedían. 
Escribo tal cual   indicaba  el apartado número 6 de sus bases.

“Se entregará Premio a las 10 mejores novelas, cuyos autores serán seleccionados para participar en el REALITY SHOW para la televisión “EL JUEGO DE LOS ESCRITORES” que será producido para la televisión y/o el Internet y que servirá como plataforma para dar a conocer a los autores a una audiencia global y a promover sus obras. Las novelas ganadoras además serán publicadas en formatos electrónicos y promocionadas en redes sociales y sitios de ventas de libros. Los ganadores también recibirán la oportunidad de promoción y exposición en medios electrónicos y en internet, así como de tours en distintas ciudades del mundo como parte del REALITY SHOW. Los escritores premiados recibirán compensación económica por cualquier gasto personal durante la producción y como parte de la producción, así como en cualquier gasto que este directamente involucrado con la producción del REALITY SHOW.”

En principio las bases nos discrepan de otras, salvo por el detalle del REALITY SHOW, toda una novedad.  Por mi parte ha sido precisamente esa novedad la  que me ha hecho descartarlo de mi lista, pero eso no quita para que desee mucha suerte a los que decidan presentarse. Y es que hasta la fecha siempre he creído que los realities se podían clasificar en dos tipos: uno en el que prima los hambrientos de fama rápida,  dispuestos a protagonizar falacias televisivas de cualquier índole. Y aquellos que despiertan un entretenimiento  sano entre los espectadores, como por ejemplo, los reality shows que abren puertas a nuevas voces, como el mítico Operación Triunfo. Es evidente que para los participantes, tanto del uno como del otro, es una plataforma para darse a conocer. Y eso sin contar que todo lo que asoma por la televisión termina ramificándose por todas las redes sociales, ya sea para bien o para mal. 

Hoy en día los realities resultan rentables para productores y para el gigante discográfico que se ponga a su vera. Tanto es así que una editorial está dispuesta a imitar los pasos del último, promocionando diez novelas por vía reality televisivo.  Mi curiosidad aumenta por saber el derrotero que tomará El juego de los escritores. ¿Funcionará este formato de programa con los escritores? ¿Se recurrirá a ciertas artimañas morbosas para aumentar la audiencia?  ¿Despertará entre el público las ganas de leer?  ¿Conoceremos a diez promesas literarias? ¿O nos sorprenderá algún que otro-a  friki que no demorará en sentarse en un plató para cuestionar la condición sexual de Pérez Reverte o  que está esperando, presuntamente, quintillizos del nobel Vargas Llosa?  Quién sabe, tendremos que espera para saberlo, ya que,  desafortunadamente en esta sociedad de consumo no todos consumen la misma dosis de dignidad. 

Desirée B. Silvage